Debes saber decir que no.

No todo lo que te piden has de concederlo, ni a todos. No conceder es tan importante como saber conceder, y en los que gobiernan, es urgente dominar esto. El secreto está en el modo en que lo hagas: más se estima el “no” del sabio que el “sí” del burdo, pues un “no” endulzado satisface más que un “sí” a secas. Hay gente que primero dice siempre “no”, y aunque después diga “sí”, ya no se le valora, porque pesa mucho la primera desazón que mostraron. Nunca niegues las cosas de golpe; deja que se desengañen poco a poco. Tampoco niegues las cosas por completo, pues si lo haces, la persona dejará de depender de ti. Déjale todo el tiempo una pequeña esperanza que compense lo amargo de haberle negado lo pedido. Que tu cortesía llene el vacío del favor negado y suplan tus buenas palabras la obra no realizada. Recuerda que el “no” y el “sí” deben ser breves de decir y largos de pensar.

Baltasar Gracián, El arte de la prudencia, 1647

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Publicado el 24/05/2012 en 1647, baltasar gracián, el arte de la prudencia. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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